Peláez, Chivas y su homenaje a la impotencia

LOS ÁNGELES — Apareciendo en dos universos diferentes, en Chivas quedan las mismas dudas: no avanza, retrocede. No crece, se hace más pequeña, se empequeñece, se encoge.

1.- Su crisis en la cancha sucumbe patéticamente a otra crisis, como la que vive el Galaxy, en un pequeño torneo que estorba a todos menos a los voraces organizadores. Pero Guadalajara llora por dentro, llora por fuera y los hace llorar por cómo juegan y cómo pierden.

2.- Su crisis a nivel de dirección deportiva sucumbe a otra crisis: la del derrumbe de promesas. Ricardo Peláez sale del encierro médico y moral, para decir que ha hecho de todo, sin lograr nada. Una oda a la impotencia; un homenaje a la autocastración, a la renuncia, a la entrega, a la deserción.

Dos universos diferentes, un fracaso simultáneo. Los que pueden y saben, presumiblemente, pero no quieren, humillados con un piadoso 2-0 en Los Ángeles. Otro, que se suponía que sabía y podía, humillado por su juramento.

Ricardo Peláez, en charla transmitida por Chivas, asegura que hubo un momento en que renunció al cargo. Amaury Vergara rechazó la oferta. Su padre, Jorge Vergara, la habría aceptado de inmediato.

La pregunta es si Amaury lo hizo porque creía en el proyecto de su director deportivo, o porque entró en pánico ante el estresante “¿y ahora quién me defiende?”.

La posición de Peláez es honesta. Ese día presentó su renuncia -y esto es irrefutable- reconoció su fracaso y su incapacidad para revertirlo. ¿Por qué? Hay dos perfiles. Ayúdame, tú eliges el tuyo.

1.- ¿Debería Peláez haber insistido un poco más, realmente insistido, poniendo más empeño en esa renuncia? Si no lo hizo, revela astucia.

2.- ¿O solo fue un chantaje emocional a Junior, para sacudirlo y fortalecer al propio Peláez en su cargo? Si lo hizo, revela aún más astucia, casi un aprendiz en ciernes de Maquiavelo.

Porque el propio Peláez lo deja traslucir en la charla con David Medrano para NotiChivas. “No voy a renunciar cada quince días”. El día que Amaury lo sostuvo, lo escudó, lo inmunizó. Es decir, dio carta abierta a la reincidencia del fracaso.

Queda claro, entonces, que desde el día que renunció hasta hoy, lo que ha hecho Peláez ha sido darle versatilidad al caos. Solo ha diversificado los matices de la incompetencia. La mona, aunque viste excusas de seda, mona se queda.

Peláez habla de la falta de personalidad, liderazgo, carácter, temperamento, no solo entre sus jugadores, sino como una pandemia que infesta a los futbolistas mexicanos en general, porque pasa, dice, “no solo en Chivas, sino en la selección. . ”.

Se dice que una manada de ciervos dirigida por un león es más peligrosa que una manada de leones dirigida por un ciervo. Con tal reflexión, hay otra confesión del director deportivo de Chivas: en el redil rojiblanco solo hay venado esquivo, liderado por otro venado esquivo, y hablo del trono decapitado del liderazgo compartido por el equipo y OmniLife.

Pareciera que en Guadalajara confluyen dos momentos despiadados de la vida: la senilidad y el Síndrome de la Eterna Adolescencia. ¿Se ha ablandado Ricardo Peláez para semejante reto? ¿Aún no se ha endurecido lo suficiente Amaury Vergara para semejante desafío?

El director deportivo enumera otra de sus derrotas. No somete a sus jugadores a una disciplina estricta. Ya no se trata solo de las rutas por Calatrava, los salones de masajes, las trasnochadas en los caseríos o los brindis con vodka con sabor a tamarindo. Ahora, lamenta la esclavitud del jugador a las redes sociales.

Pero, está claro que Peláez opta por mimar a sus jugadores, en lugar de imponer estrictamente una solución. Un ejemplo: el tipo más increíble y desastroso de Chivas ya se fue del redil. Hoy, La Chofis López tiene hasta tres entrenamientos en Pachuca. Su peso, lo que come y lo que bebe se controlan diariamente. No hay contemplaciones, ni azotes, ni mimos, como en Guadalajara.

Peláez implora, ruega, en lugar de imponer, ordenando, si es necesario, con disciplina militar. Debería haber entendido a estas alturas que sus jugadores necesitan un sargento ciclotímico, no un capellán o una compasiva hermana de la caridad.

Pero, justifica su incapacidad de liderazgo, refugiándose en que es un mal nacional del pelotero mexicano. Así que, siendo él “el mal de muchos, sea él un consuelo para…”. Precisamente, uno de los detalles que más inquietó a Jorge Vergara, el conformismo por rendición.

Más allá del estorbo, la futilidad del partido ante Galaxy, y ese bochorno innecesario, Guadalajara tiene su verdadero juicio sumario ante Mazatlán, un equipo donde abunda el cinismo, donde hay algunos mercenarios oportunistas, que contra adversarios de peso mediático como Chivas. tienen su gran epifanía, y de repente despiertan de su somnolencia ebria, los Benedetti, los Fabián y otros.

Ricardo Cadena, el hilandero de las hazañas en el torneo anterior, hoy es la mítica Penélope con artritis en las manos. Teje y desteje, hila y desteje. Sus ensayos en la cancha no prosperan. Chivas no gana. Defiende bien, pero despilfarra en errores de ataque, falla penaltis, desperdicia jugadas de posesión y posición de gol, y cuando las tics del árbitro se cargan en el chivo flaco, los goles se anulan.

Tras el mea culpa por sus propios cauces, Ricardo Peláez daría un atisbo de esperanza. Es decir, ha identificado sus errores, todas las áreas en las que ha fallado y todos los colosales pendientes que tiene. Se supone que viajará a Mazatlán y se reunirá con sus afligidos peregrinos.

Desde mi profunda ignorancia, un consejo: deja la seda, Ricardo, toma el látigo. Y si es necesario, deja la ternura y la tersura y se lleva la palabrota. Míralo así, Ricardo, no tienes una sino 23 variantes de La Chofis. Y en Pachuca te están enseñando cómo debiste hacer las cosas desde el 2019, cuando llegaste con el parloteo audaz y apresurado de muchos títulos y poca hiel.

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