no querían rejas y ahora las aplauden

La Rebelde.  (Luis Barron/Eyepix Group/Future Publishing vía Getty Images)

La Rebelde. (Luis Barron/Eyepix Group/Future Publishing vía Getty Images)

La demanda fue unánime. Todos los fanáticos estuvieron de acuerdo: Era necesario ponerle un alto definitivo a las rejas en el fútbol mexicano. los vergonzosa emboscada a La Corregidora Me lo merecía. Todos estaban indignados. ¡Cómo se atreven a ensuciar nuestro fútbol sagrado! Erradicarlos. Que nunca vuelvan. No importaba que se escondieran detrás del hecho de que no habían hecho nada. Eran parte del cáncer. Nadie se salvó. Eso fue hace cinco meses. Que lento pasa el tiempo.

Ya nadie recuerda eso. Acerca de Los bares eran el enemigo público número uno.. Y ni hablar de la reacción por la tibieza de la Liga MX, que apenas alcanzó para prohibir a los visitantes el acceso a los “grupos de animación”. Disparates. Siguen felices, más activos que nunca. Por ejemplo, La Rebel se pasea por las calles de Madrid (después se irán a Cataluña) en la víspera del partido que enfrentará a su equipo, pumascontra el Barcelona por el trofeo amistoso Juan Gamper.

Si la intención era expulsarlos del fútbol, ​​la cesión fracasó. No solo siguen presentes en México, también pueden presumir sus aventuras en el extranjero. Lo peor: los hinchas de Pumas, los de verdad, aplauden el viaje porque, supuestamente, refleja pasión y fidelidad hacia “los colores”. Ojalá hubieran estado tan orgullosos de su barra en marzo pasado, cuando no había red social en la que no se viralizaran las imágenes del desafortunado Querétaro-Atlas. Sólo los barristas se defendían entre sí. No había persona fuera de este mundo que no tuviera claro que todos los bares eran responsables en alguna medida.

Enmascarados en la corriente de las buenas maneras, los olvidadizos se sumaron a la condena. Porque eso era lo que apremiaba y cómo negarse a entrar en el coro. Hoy lo que importa es inflar el pecho de orgullo por ellos, los incomprendidos, los estigmatizados, que portan banderas y trapos para demostrar el amor que sienten por Pumas. Y la prensa también hace lo suyo, como siempre. Si presentan a Dani Alves, claro que es importante filmar a La Rebel y su color. Que todos sepan que son vitales para Pumas, para el futbol mexicano y que le den caché a la presentación del nuevo ídolo. Proporcionan ambiente.

Protagonistas de vergonzosas peleas y amenazas a sus jugadores, la barra de Pumas lo ha hecho bastante bien. Tienen su rincón especial en el Estadio Universitario y también para eventos especiales, como la bienvenida a Alves. Si al final todo lo que hacen será motivo de celebración para el resto de aficionados, los pacíficos, ¿de qué se pueden preocupar? Está muy claro: las barras son el cáncer del fútbol mexicano. No son prejuicios, son los hechos. Años de evidencia que no valen nada.

Porque estarán presentes en uno de los estadios más lujosos del mundo para ver a su equipo. Dirán que se lo merecían, que no les regalaron nada, y no faltará gente que comprará su discurso porque así podrán presumir que hubo camisetas de Pumas, cánticos y vítores en el Camp Nou. Después de eso, solo queda apelar a la coherencia. Que nadie diga sorprendido o indignado nunca más por las barras del fútbol mexicano.

Los están legitimando. Les están dando la licencia que necesitan para actuar como les plazca ahora y en el futuro. En realidad, ni siquiera es necesario proyectar eventos futuros. La hipocresía ya es evidente ahora. La justificación apasionada, por supuesto, dice que es válida hoy. Hoy los barristas son embajadores del balón que ponen en alto el nombre de Pumas. Por eso hay que tenerles ya no paciencia, sino hasta admiración. Permitiéndoles ir al otro lado del Atlántico cuando se suponía que no debíamos verlos ni en los estadios mexicanos. Tal vez ya han cambiado. Quizás los hemos juzgado mal. Goya, Universidad.

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