El tenis como ceremonia | punto de interrupción

En muchas ocasiones hemos escuchado o leído ciertas afirmaciones que pretenden explicarnos qué es un deportación. Comentarios despectivos que, según estos ilustres emisores, vendrían a señalar el carácter artificial del ejercicio. “Opiniones” que no tienen en cuenta a los protagonistas del circuito atp y WTA.

De esta forma, los opinantes no dudan en definir el tenis como: “dos individuos que golpean una pelota con una raqueta”. Con aire de superioridad, parecen querer iluminar a los que seguimos tal práctica.

Los diferentes deportistas, jugadores y entrenadores siguen manteniendo estas habladurías y estereotipos que lo único que muestran es la ignorancia de quien las enuncia. Una ignorancia que informa sobre la situación de tales mentes, ya que pone sobre la mesa la ausencia de categorias y razones para evaluar correctamente el objeto de estudio en cuestión.

El tenis como institución y ceremonia

Por nuestra parte, tenemos claros dos principios rectores que nos permiten definir qué es este deporte que amamos. Como decimos, el tenis es un institución construido sobre el núcleo de un ceremonia.

En concreto, esta ceremonia es cada uno de los partidos que se disputan. Resumiendo, pero mostrando lo principal, las ceremonias, como concepto antropológico, gozan tres caracteristicas que se aplican al tenis ya que el guante se adapta a la mano. El hacer ceremonial requiere normatividad, abstracción y repetibilidad.

En primer lugar, existe un código normativo regido por una serie de leyes de obligado cumplimiento. Esta característica del desarrollo institucional permite el juego, pero también genera una serie de tensiones con quienes lo juegan. Es decir, existe un conflicto de intereses entre los profesionales y el código.

Esta necesaria hermeticidad es la que predispone y obliga a la ceremonia a cerrarse sobre sus propios ejes. En palabras más simples, dentro de una cancha lo único que importa es jugar el partido. Todo lo demás está segregado, amputado por la maquinaria que obliga al cumplimiento de lo estipulado.

Por ello, se prescinde, por el momento, de lo ideológico. El juego debe jugarse más allá de pensamientos sobre el COVID, el número de familiares de cada participante, sus sueños, sus intenciones o sus posiciones políticas. Repito, dentro de la ceremonia, internamente a ella.

No queremos decir que no haya influencias (pues las hay), sino que este enfoque de división entre lo interno y lo externo formaliza/profesionaliza el deporte en cuestión. Si la normativa constituye una especie de poder Legislativola eliminación/el resumen constituye la formalidad de la materia.

Por último, la repetibilidad, como el hecho de tener un principio y un fin, es una condición condición sine qua non.

sobre el espectador

Ahora bien, hay que dejar clara una cuestión fundamental: la ceremonia no se limita a los protagonistas (tenistas y árbitros), sino que también se limita a los asistentes en el sitio y los que los seguimos desde la tele.

No podemos entrar de lleno en la dificultad que esta tesis produce, pero te dejo un par de preguntas que me ayude en tal tarea: ¿hay lugar para la neutralidad en alguien que ve tenis profesional? Es decir, si no existe tal imparcialidad, ¿hasta qué punto el público es espectador? Si el espectador se involucra en la lucha, toma partido: ¿no se desdibujaría esta categoría? ¿No seríamos, acaso, actores de la propia ceremonia? (*los leones en comentarios).

Estas líneas valen para situar lo que sería una primera hipótesis. Como no podía ser de otra forma, lo que se expone es una brevísima introducción, primeros matices (no divagaciones). En el próximo de estos artículos reflexivos, escribiré sobre los recogepelotas como una parte esencial para hacer esto.

Espero que podamos seguir pensando juntos, en línea.

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