Investigadores confirman que la principal transmisión de la viruela del simio es por contacto con la piel

La OMS confirmó que ya hay 20.000 casos confirmados de viruela del simio en 78 países del mundo

La viruela se ha extendido rápidamente por todo el mundo, convirtiéndose en una preocupación internacional. Foto: Shutterstock.

El contacto durante las relaciones sexuales es el mecanismo de transmisión más probable. En este brote se han descrito casos en hombres que tienen sexo con hombres y están fuertemente asociados con conductas sexuales de alto riesgo.

Así lo indicó la Dra. Alba Catalá, dermatóloga del Servicio de Dermatología del Hospital Clínic de Barcelona y autora principal del estudio, quien destacó que los hallazgos clínicos de este brote difieren de los hallazgos previos y sugieren mucho la transmisión por contacto y la aparición en el sitio de entrada. La caracterización de la epidemiología de este brote tiene implicaciones para el control.

El estudio, coordinado por la Unidad de Investigación de la AEDV y publicado en el British Journal of Dermatology, fue un estudio transversal prospectivo, en el que se analizaron 185 casos recogidos por dermatólogos españoles.

Entre los resultados, destacaron que los síntomas generales de viruela del mono incluyen fiebre y Hinchazón de los ganglios linfáticos, seguido de una erupción generalizada que progresa a través de cuatro etapas distintas. Aunque la fiebre y Hinchazón de los ganglios linfáticos siguen siendo comunes en este brote, la investigación encontró que los casos tienden a tener pocas lesiones en la piel.

“Lo habitual es que aparezcan síntomas cutáneos en las zonas de contacto durante las relaciones sexuales. Esto puede incluir lesiones en la faringe, el canal anal, la cara y los dedos”, explica el Dr. Catalá.

Por otro lado, y al contrario de lo descrito anteriormente, este estudio demuestra que las posibles lesiones dermatológicas que pueden aparecer a causa de la enfermedad no son pústulas, sino pápulas duras con aspecto de pústulas (pseudopústulas).

“Este hallazgo es importante porque facilita mucho el reconocimiento de la enfermedad, ya que muy pocas enfermedades producen este tipo de lesiones”, señala Petunia Clavo, dermatóloga del Centro Sandoval de Madrid, quien también es autora del estudio.

Sin embargo, asegura que algunas de estas pápulas se necrosan y pueden derivar en úlceras genitales, “dificultando el diagnóstico por su similitud con otras enfermedades”.

Otras conclusiones de este trabajo reflejan, aunque con menor certeza, que ni la enfermedad por VIH bien controlada ni la vacunación antivariólica previa (antes de 1972) han afectado a la gravedad de las lesiones en los pacientes del estudio.

Además, según los autores, el hecho de que un paciente tenga otra infección de transmisión sexual (ITS) no lo excluye de padecer viruela del monodel mismo modo que se debe estudiar a los pacientes con viruela para descartar otras enfermedades de transmisión sexual.

En cuanto al perfil de los pacientes, los casos estudiados estaban compuestos básicamente por hombres que tienen sexo con hombres y se asociaron con frecuentes conductas de riesgo para adquirir enfermedades de transmisión sexual, aunque Catalá considera la probabilidad de que esto cambie con el tiempo.

“Las epidemias a menudo comienzan en un grupo específico y luego se propagan, pero actualmente los esfuerzos para protegerse contra la enfermedad deben centrarse en este grupo”, dice.

Los autores de este artículo concluyeron que se necesita más investigación para comprender mejor cuándo los pacientes se vuelven más infecciosos y el consejo de precaución es claro: “Aunque no estamos seguros de cuándo los pacientes comienzan a ser infecciosos, evite el contacto cercano con personas que tengan lesiones de viruela del monoy controlarlos antes de tener relaciones sexuales puede ayudar a reducir el riesgo de la enfermedad”.

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