Chivas y América, a oscuras

LOS ÁNGELES — Estados Unidos y sus dobles caras. Antes que Leon, sería desenmascarado. O fue el desgraciado que se vio contra Xolos o fue el paladín que se vio contra el Real Madrid. Ya no hay ninguna duda. Afortunadamente para él, el árbitro Óscar Macías le administró la eutanasia y le hizo menos bochornoso su certificado de defunción: 3-2.

Los anfitriones empiezan a pedir cabezas. Fernando Ortiz, el Santo Patrono del Clausura 2022, es llamado hoy al martirio. El Tano es arrojado al suelo a pedradas, mientras Santiago Baños, con el linimento de su incompetencia, intenta curarlo.

En los tendederos urgentes de las redes sociales, los nombres ululan y pululan. Que si Ricardo Gareca, que si Antonio Mohamed, que si Mauricio Pelegrino, que si Cacique Medina. Disparates. Es el festín voraz de buitres bien vestidos bajo el oficio de promotores.

¿Fernando Ortiz perdió la magia? ¿O los jugadores perdieron la dignidad de su hambre? ¿O ambos? Tano pareció volverse loco. Empezó a hacer ensayos que parecían una locura. La explicación trajo más incertidumbre que calma: “Ha visto algo en los entrenamientos que no le gusta”. Y Álvaro Fidalgo, Richard Sánchez, Pedro Aquino y contando desaparecidos. Contrató a Jurgen Damm, tan útil como un ojo de cristal.

Y sus piezas de porcelana, esas que brillaron contra el Real Madrid, volvieron a ser joyas de mercadillo dominical. Guillermo Ochoa se queja de no poder quejarse del agobio de tanto ajetreo. Debe hacerlo con Baños y en los baños, no públicamente. Decisión de la directiva de tirar unos pesos innecesarios a la bolsa. Y ojo que todavía tienen que visitar un LAFC este miércoles en un buen momento, y con ese rencor tan particular que ha mostrado Carlos Vela.

Y antes, o junto a Tano Ortiz, habrá que subir al endeudado. Diego Valdés, solo por gotas, ¿y hasta le perdonan las expulsiones? ¿Jonathan Rodríguez sigue con Cabecita en el año sabático que lo interrumpieron? ¿No dijeron ambos que su sueño de toda la vida había sido jugar en Estados Unidos? Y entre errores propios y penaltis, Sebastián Cáceres ya le debe a su equipo al menos seis puntos este torneo.

Aún no es hora de que el maestro baje del pedestal, e ignore un par de minutos de su obligación heredada (“una televisión para la jodida” y “una pelota de fútbol para la jodida”). Pero, al menos, Emilio Azcárraga Jean ya debe estar acechando a Santiago Baños con el rabillo del ojo, para, en ese código cariñoso en que viven, al menos darle un par de bofetadas, no muy fuertes, para no dañar tanto la manicura.

Para consuelo del América, Chivas también cede. Un punto por encima de El Nido, aunque este con un partido menos, pero el Guadalajara lleva ocho partidos oficiales sin ganar y cinco empates en este torneo, dos de esos partidos ante rivales con un hombre menos.

Cierto, la invulnerabilidad de los empates le da a Ricardo Cadena algo de armadura. ¿Cómo explicar que su presumiblemente el jugador más explosivo entrara en una histeria de acobardarse, especialmente en los penaltis? Desde el fastuoso alboroto de la firma de renovación de contrato, Alexis Vega ha desaparecido. Estaba desconcertado por los humos de la gentrificación.

Lo triste es que la afición de Chivas ya se rindió. Ya se arrepiente de poco y reclama menos. Aún más triste es que sus pasatiempos antagónicos ya ni siquiera lo apuntan. Ya no hay memes. Ya no hay burlas. Ya no hay blasfemias ni bromas. Chivas agoniza donde no debe: en brazos del desdén de sus adversarios.

La escasa afición rojiblanca, entre desesperada y resignada, coincide en nombres con los americanistas: Mohamed y Gareca. ¿Tu director deportivo? En las cómodas sombras del silencio.

Algo parece obvio: entrenadores y directivos han perdido fuerza en sus muñecas y en su autoridad. Tanto Cadena como Ortiz, en ese momento de confusión y oscuridad de su papel interino y su inexperta capacidad como entrenadores, viven bajo el miedo y el malestar del sabotaje en el vestuario.

La historia no miente. Si el futbolista trabaja poco y trabaja mal, hay que hacerlo trabajar dos veces al día. El rigor en los entrenamientos provoca el rigor en los partidos. Si el futbolista no se somete a la disciplina del entrenador, el entrenador debe trabajar el doble, haciendo que el jugador trabaje el triple en doble sesión.

Técnicamente, al futbolista le pagan ocho horas diarias de trabajo, y trabaja para ganar, no para empatar, perder o deambular por el campo. Entonces, Cadena y Ortiz, comprendan, el jugador les pertenece ocho horas al día. Hacerles sentir, cuando caen en la apatía y la pereza, es parte de su obligación, y debe ser la de los directores deportivos.

Qué pasa si Valdés y Rodríguez no hacen carreras defensivas. Vamos, que por las tardes, habrá un curso especial sobre ello. ¿Y si Jurgern Damm y Jorge Sánchez siguen mandando balones a la fila 147 del estadio? Vamos, que por las tardes habrá una sesión especial al respecto.

Que tal si las gónadas de Chicote Calderón y Alexis Vega se contraen por la mancha. Verde Valle tiene inmensas posibilidades para practicar los penaltis. Que si Pollo Briseño patea más a sus compañeros y luego jura y perjura por la Virgencita de Zapopan que es inocente, entonces una terapia vespertina con la anexión de ira y una sesión de cine de Pepe el Toro, para que aprenda a repetir “El torito”. es inocente.”

De momento, pese a los sibaritas vestidos de rojiblancos, se viene un partido más, calzado, también este miércoles, y el peor, ante el Galaxy de Javier Hernández, y como previa del América ante el LAFC. Se habría visto que Chivas le abrió el concierto a su acérrimo rival. Doble vergüenza.

Una vez, el Departamento de Comunicación de Chivas estalló en ira y represalias, porque sus jugadores fueron llamados parias, cínicos e irresponsables. Esto, según Guadalajara, desencadenó los disturbios afuera del hotel de concentración en la Ciudad de México. “Ayudaron a crear un ambiente hostil con sus titulares sensacionalistas y provocativos”, dice el comunicado.

Se explicó aquí, entonces, en términos que enfurecieron y casi sodomizaron a los locutores de Chivas, que estos futbolistas “cobran millones por celebrar barridas, tirar raspaduras, sabotear a los técnicos y burlarse de su afición”. Pues lo han vuelto a hacer.

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