Liverpool vs. Manchester City – Crónica del partido – 30 de julio de 2022

(EFE) — La edición centenaria de la FA Community Shield, la Supercopa inglesa, coronó este sábado al Liverpool campeón por decimosexta vez y dieciséis años después, más resuelta y práctica que el Manchester Cityal que derrotó con un penalti decisivo evitado en directo, señalado a través del VAR, transformado por Mohamed Salah y causado por Darwin Núñezque también sentenció el choque en el tiempo añadido con el 1-3 definitivo.

Suplente para empezar, el impacto del delantero uruguayo ya se nota en el equipo de Jurgen Klopp, que lo puso en juego en el minuto 59 en sustitución de Roberto Firmino. Después desaprovechó una oportunidad ante Ederson, pero en el tramo final cobró un penalti de cabeza que no iba a ninguna parte salvo la mano de Ruben Dias y aseguró el 1-3 con el que su equipo se alzó con el primer título de la temporada.

Relanzó a su equipo, justo cuando sentía más en vilo la victoria, acabando de empatar el duelo por Julián Álvarez. No era Erling Haaland, decepcionante frente a su habitual dimensión ofensiva (falló incluso una opción con todo a favor ya en los instantes finales, entre su gesto de frustración), pero el delantero argentino, debutante en el equipo de Pep Guardiola, único goleador del City, derrotó. porque no leyó bien el comienzo del partido, porque después no aprovechó mucho su momento de juego, sin eficacia en ataque, y porque, cuando empató, se detuvo a sí mismo. No fue más allá.

El Liverpool entendió mejor el punto de partida. Su puesta en escena fue más efectiva. No necesitaba tanto el balón, como quería el City, pero lo verticalizó con la destreza que implican jugadores del nivel, precisión y desborde de Mohamed Salah. El centro del campo fue prácticamente un paso fugaz en la transición del equipo de Klopp, que rompió a ráfagas el perfil izquierdo de la defensa rival. A Joao Cancelo y Nathan Ake.

En tres minutos, Salah ya había intervenido tres veces por el área de Ederson, en medio de la dificultad del City para dar velocidad a su posesión irrenunciable. Necesitaba ese plus indispensable a la hora de cruzar el mediocampo. Haaland desarticulado, Bernardo Silva demasiado lejos, Jack Grealish insustancial, Mahrez ausente, De Bruyne intermitente, ni pensó ni ejecutó entonces en ataque con la destreza que suele hacer. Un problema que solucionó por momentos, tras el 0-1 en contra, cuando sí creaba lo suficiente para empatar.

Porque el Liverpool ya estaba mejor cuando Robertson cabeceó, en el minuto 13. También cuando el otro extremo, Alexander-Arnold, expresó con descaro, pero también con fortuna, una de sus variadas cualidades ofensivas: el remate que sacó primero desde el borde del área con el interior de la derecha, tras una jugada que se fue de de un lado a otro hasta la dejada de Salah, se veía bien, pero no tanto como el último desvío de cabeza de Aké. Fue 0-1. Minuto 21. Previsible golpe para el City, irreconocible hasta entonces.

El gol lo despertó. Inexpresivo hasta entonces, redescubrió el desborde, relanzó su ambición y se rearmó de convicción el conjunto de Pep Guardiola, que momento a momento, metro a metro, hizo retroceder un rato al Liverpool, caricatura de lo que había sido antes, superviviente al entretiempo porque Haaland no fue tan efectivo como de costumbre. No Mahrez.

Darwin Núñez esperaba en el banquillo del Liverpool. Pasada la media hora, el uruguayo ya calentaba. Todavía tuvo que esperar para entrar en el partido hasta el minuto 57. Luego tuvo el 0-2 en el duelo cara a cara ante Ederson, salvador desesperado en su salida ante el atacante uruguayo, que esperaba un papel decisivo.

Del otro lado, momentos antes, entró Julián Álvarez. El argentino debutaba con el Manchester City en la recomposición de Guardiola en el ataque (mantuvo a Haaland y sustituyó a Grealish y Mahrez por Foden y Julián Álvarez), cuando la inercia con la que acababa la primera parte se detuvo tras una nueva ocasión de Mahrez. Julián Álvarez aprovechó su oportunidad. En su primera oportunidad, en una negativa, cuando Adrián no logró atrapar ni el primero ni el segundo en su pelea con Foden, cuando el City menos merecía el 1-1, lo consiguió.

El árbitro no entendió que había falta de Foden sobre Adrián, a pesar de que el portero, que había sido uno de los mejores del Liverpool hasta entonces, la reclamó, hasta que el partido repuso el empate a poco más de un cuarto de hora del final. , cuando menos se intuía, cuando Klopp observaba el duelo más controlado y cuando el Manchester City ya se sentía capaz de todo. Un error. un espejismo

En el minuto 81, el cabezazo de Darwin Núñez se fue desviado, pero la mano de Ruben Dias estaba en su camino. Quitado, el árbitro no lo vio en un primer momento. Sí después, cuando recurrió al VAR para señalar una clara pena máxima. Marcó el penalti. Salah lo convirtió con la izquierda, bajo, fuera del alcance de Ederson. Ya definitivo para el título, sentenciado con el 1-3 de Darwin Núñez, ya imprescindible en Liverpool.

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