La Jornada: internacionalismo médico cubano

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la primera brigada Médico internacional cubano llegó a Chile en 1960 para asistir en la devastación que dejó un terremoto en Valdivia. No eran tiempos fáciles para la isla. Con el triunfo de la revolución apenas un año antes, la mitad de los médicos cubanos se habían ido a Miami. Tres años más tarde se envió otra brigada a Argelia, que apenas había obtenido su independencia. La sanguinaria reacción francesa a la lucha por la independencia había devastado a la joven nación cuyos médicos partieron hacia Francia.

Antes de la revolución de 1959, Cuba estaba dominada por los estadounidenses que, además de ser dueños de sus tierras e industrias, la utilizaban como lugar de esparcimiento, casinos, drogas y prostitución. La Infantería de Marina mostró su desprecio por el pueblo cubano al orinar sobre la estatua de José Martí. Quizás por haber conocido tan vivamente la dominación colonial, la solidaridad con los países del llamado tercer mundo fue siempre uno de los principios de su política revolucionaria.

Con el triunfo de la revolución, Cuba recuperó su dignidad. El nuevo gobierno expropió las tierras de la United Fruit Company, convirtió cuarteles militares en escuelas, dividió mansiones en viviendas, construyó hospitales, eliminó el analfabetismo, implementó programas culturales y deportivos de acceso universal, estableció la educación gratuita, incluida la universidad, y creó un sistema de salud, accesible para todos. Al declararse socialista, el régimen cubano ha defendido los derechos colectivos por encima de los intereses individuales. Por eso despierta la furia de la derecha y el desprecio de los liberales.

Cuba es un país pobre. De las últimas naciones latinoamericanas en lograr su independencia. Tres siglos y medio de colonialismo español condicionaron una economía de extracción. En 1898 su lucha por la independencia le fue arrebatada por Estados Unidos, que se declaró dueño de la isla. Así, la revolución de 1959 fue una lucha contra la dictadura de Fulgencio Batista y por la liberación nacional. El imperio nunca perdonaría la afrenta. Desde la fallida invasión de Bahía de Cochinos, Cuba ha sido objeto de ataques terroristas, guerra psicológica, intentos de magnicidio y sabotaje por parte del autodenominado protector mundial de la democracia. Ha vivido bajo un bloqueo que no solo prohíbe el comercio con Estados Unidos, sino que amenaza y castiga a terceros que buscan establecer relaciones con la isla.

Con todo en contra, Cuba es un proveedor mundial de salud. Su ámbito doméstico asombra. Tiene más médicos per cápita que cualquier otro país, que trabajan en áreas rurales remotas y urbanas. Cuba ha logrado índices de salud comparables (a veces mejores) que las naciones ricas. La educación universitaria plena y gratuita ha erosionado los sistemas patriarcales y racistas. En 2007, las mujeres constituían más de la mitad del personal médico y los afrodescendientes han logrado logros similares en proporción a su porcentaje en la población.

A escala internacional, el alcance médico cubano también es asombroso. Estudiosos del tema, como John Kirk y Julie M. Feinsilver, aportan cifras que dan cuenta de su magnitud: en 2009, Cuba contaba con 38 000 brigadistas médicos en muchos países del mundo, más que la Organización Mundial de la Salud y las naciones del continente. G-8; En 2010, seis años después de la fundación de la Operación Milagro, programa financiado por Venezuela, los oftalmólogos cubanos habían devuelto la vista a 1,8 millones de personas; en el año escolar 2009-2010, hubo 50.000 estudiantes de medicina (incluidos algunos de comunidades minoritarias en los Estados Unidos) entrenándose en Cuba o con médicos cubanos en sus países de origen.

Quizás el ejemplo más conmovedor del internacionalismo médico cubano fue la atención que la Isla brindó a 20 000 niños víctimas del derrame nuclear ocurrido en Chernobyl en 1986. Durante casi dos décadas llegaron niños –la mayoría de Ucrania– a recibir gratuitamente trato en la isla, esto a pesar del colapso de su economía precipitado por el colapso de la Unión Soviética. No damos lo que nos sobracomentó un director cubano del programa para los niños de Chernóbil, compartimos lo poco que tenemos.

Cuando iniciaron sus brigadas internacionales, el gobierno cubano pagó los gastos. Así fue hasta fines de la década de 1970, cuando los países que tenían capacidad de pago comenzaron a realizar aportes. Desde entonces, Cuba opera bajo un esquema que mide los costos en función de la capacidad de pago de cada nación. Los países más pobres no pagan nada.

Parte de la remuneración que reciben los médicos cubanos por su servicio internacional se la quedan ellos y parte va al Estado. Es la forma en que Cuba redistribuye lo poco que tiene; en cuanto cubre las necesidades básicas de su población; en el que continúa formando gratuitamente a nuevas generaciones de médicos, en Cuba y en el mundo; en el que recupera una pequeña parte de lo robado por el ilegal e inhumano bloqueo estadounidense.

Este esquema salarial da lugar a la proclamación de que los médicos cubanos son mano de obra esclava, afirmación de quienes nunca han denunciado la sobreexplotación de la clase obrera ni la división internacional del trabajo que ha abierto venas en los países pobres. canalizar su riqueza hacia el primer mundo.

Para quienes siempre se han pronunciado en contra de la explotación humana, el internacionalismo médico cubano representa lo que Noam Chomsky caracterizó como el riesgo de dar un buen ejemplo. Cuba ha demostrado que con poco se puede hacer mucho, por su población y por los más necesitados del planeta.

* Profesor-investigador del Instituto Tecnológico de Massachusetts, autor del libro Lecciones no deseadas de la revolución: una historia de la normalidad rural.

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