De qué hablamos cuando hablamos de Next Gen

«La belleza humana de la que estamos hablando aquí es de un tipo muy específico; puede llamarse belleza cinética (…) Lo que realmente tiene que ver es la reconciliación del ser humano con el hecho de tener un cuerpo».

De este modo, David Fomentar Wallace en su ensayo, El tenis como experiencia religiosase maravilló con asombro ante la figura de Roger Federercómo fue posible que el ejercicio de este deporte engendrara una belleza que no constituye el futuro del juego.

En otras palabras, aunque el deporte no tiene como objetivo la belleza, el tenis sería un vehículo que permitiría al ser humano expresar tal condición. El despliegue de un arte corporal que consigue escenificar la polaridad existente entre lo estético y lo bélico.

No se trata sólo de actuar según las capacidades técnicas, sino de ejemplificar virtudes éticas como el coraje, la perseverancia o el hecho, siempre difícil, de ser capaz de aceptar la derrota, de hacer frente a la frustración.

En el tenis, la cancha es el templo y los competidores le deben respeto. No en vano, para Wallace, los tenistas como el suizo son la viva imagen de la filosofía estoica.

Esta introducción sintetiza algunas cuestiones que vamos a tratar, ya que, por un lado, el citado autor se engloba en una generación (la llamada generación X) y, por otro, ilustra algunas de las facultades que conforman un jugador un jugador de tenis. Parece que en la ola de jóvenes (y no tan jóvenes) que juegan al tenis hay muchos jugadores, pero pocos tenistas.

bajo la rúbrica de Próxima generaciónaparecen una serie de aspirantes con el objetivo de sustituir al todopoderoso Tres grandes. Dioses esperando a sus titanes.

Sin embargo, tomando como referencia el uso del término generación o generacional, surgen algunas interrogantes que aclaran varias de las particularidades de la frase.

Pongamos algunos ejemplos: ¿Qué diferencia a una generación como la x, millennial, z, etc, de una generación en un deporte? ¿No se verá, quizás, incluido en alguno de los anteriores? Es decir, ¿la Next Gen no será un producto, fruto de la unión entre diferentes generaciones? O, por el contrario, es la Next Gen una generación que requiere una teorización separada, desligada de las anteriores ya que goza de una especial idiosincrasia.

Creo firmemente que en el panorama tenístico actual y en la sociedad en general, la Next Gen se presenta como una rara ave.

En primer lugar, como condición totalmente anómala, ya que, a diferencia de otras ondas, el concepto define, pero solo de forma intencionada. No es una generación, sino lo que se supone que es una generación. Siendo más exactos, la concepción de la Next Gen no solo describe, sino que prescribe: no definimos explicando cómo son, sino cómo ellos deberían ser. Entonces, la próxima generación nunca existirá porque, cuando exista, simplemente dejará de existir. Esta es la nota clave del asunto, la gran paradoja.

Por ello, el mundo del tenis actual se pregunta cuándo va a dar el Next Gen el siguiente paso, es decir, el momento de su destrucción al alcanzar el éxito. La culminación en la que los candidatos dejan de ser tales contendientes.

Esta es una de las preguntas que nos plantea el deporte, uno de los problemas que exigen rigor, como el que debe servir para estudiar la evolución del propio tenis (a nivel histórico, tecnológico, físico, etc.).

Estamos ante un genio de la ironíaporque de lo que se trata es de usar una palabra para decir exactamente lo contrario.

Es la grandeza de una generación, los Tres Grandes, la que condiciona toda la disciplina. Unos iconos que son ellos los que potencian la nueva era y no al revés.

No será la generación venidera la que nos recordará quiénes fueron esas tres figuras indescriptibles del presente, pero son estos talentos los que nos obligan a señalar el resto. En otras palabras, la Next Gen es una denominación puramente negativa: son los jugadores que ellos no pertenecen al Olimpo.

El abanico de nombres, personalidades y estilos es tan amplio que no se puede cerrar en una sola categoría tan genérica como la mencionada. Debido a esto, tal vez la pregunta no sea ¿qué falta para que la próxima generación “asalte los cielos”? pero ¿cuándo un jugador se convierte en realidad a pesar de las leyendas vivas? ¿Hasta qué punto es justo con unos campeones de “menor talla”?

Aquellos que no pueden y no han alcanzado ese nivel señalan con orgullo sus logros y agregan que tales trofeos son aún más importantes por haberse enfrentado a tales atletas. Quizás esas sean sus cartas de presentación y más que menospreciar deberíamos valorar lo hecho por tales mortales.

Además, puede ser que el comportamiento que les exigimos sea contradictorio con el que llevamos a cabo. Quizá no seamos culpables de comparar trivialmente a determinados jugadores jóvenes con los mejores, de ejercer una presión excesiva sobre los deportistas que tienen una carrera por delante y, con el efecto contrario, de presentar continuamente a los veteranos como personas que no tienen la edad suficiente para conseguir lo que consiguen. . Quizás no seamos nosotros quienes exhibimos esas carencias que materializan la sociedad del espectáculo, al presuponer que ciertas figuras deben corresponder a nuestros deseos.

En cierto modo, la próxima generación sigue siendo una chivo expiatorio.

Estos luchadores realmente existentes son la verdadera generación, la Big Three Generation, aunque nunca lleguen a los niveles de catarsis que tales raquetas nos siguen brindando (la “momentos federerlo que diría Wallace).

disfrutemos de la Destacar, secuencias memorables que, por suerte, nos siguen regalando. Apostemos por el Carpe Diem.

Por eso, y del mismo modo que las religiones de los libros fueron desdibujando, sin enviar al olvido, el politeísmo griego, debemos guardar en la retina los momentos en los que tuvimos la suerte de presenciar la unión de los opuestos, lo apolíneo y lo dionisíaco. Porque los nombres van y vienen, pero la belleza es inmortal.

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