Pros y contras de los libros impresos y digitales

A diferencia de lo impreso, probablemente permita diferentes formas de lectura en las plataformas digitales; de hecho, ya existe un trabajo colaborativo donde se comparte tanto la experiencia lectora como la escritura de libros: los lectores-autores crean una historia.

El libro —el texto y sus diferentes soportes (piedra, barro, papiro, pergamino, papel y formato digital)— es un “ecosistema” que el ser humano ha utilizado a lo largo del tiempo.

Al comparar todos estos medios de escritura y lectura, encontramos que cada uno tiene sus desafíos, ventajas y desventajas, advierte la doctora Isabel Galina.

El libro impreso ha resultado un formato especialmente adecuado para transportar el texto. Y con el tiempo, todo su aparato (cuidado editorial, índices, folios) se ha ido perfeccionando para facilitarnos la lectura.

En comparación con la piedra y la arcilla, su ventaja ha sido su portabilidad; en comparación con el papiro (bastante quebradizo), su durabilidad. Por otro lado, el pergamino es más difícil de trabajar que el papel impreso. El investigador de la UNAM también señala que debido al precio de los materiales, el libro físico ha sido más barato o más caro según la época.

El libro digital, inmerso en una red

Para Galina, académica del Instituto de Investigaciones Bibliográficas, el libro digital va más allá de un simple cambio de soporte, ya que está inmerso en una red y eso cambia mucho su circulación y funcionamiento.

Es mucho más portátil que imprimir y puede tener una biblioteca completa en un solo dispositivo. Pero si el dispositivo de lectura no tiene suficiente batería, “toda esa portabilidad no sirve para nada”.

Insiste: los diferentes tipos de libro tienen ventajas y desventajas. Más bien depende de las necesidades de lectura. El libro digital se puede leer en diferentes dispositivos: computadora, celular, tableta, lector electrónico.

En términos de preservación, los libros físicos y digitales enfrentan diferentes desafíos. En un caso, el papel se desgasta con los años; en el otro, el software del dispositivo caduca en mucho menos tiempo.

Los libros digitales, advierte Galina, tampoco están a salvo de un ciberataque o de un virus. Independientemente de qué bibliotecas y librerías digitales u otras plataformas tengan sistemas de seguridad, todas son vulnerables.

Por otro lado, si bien los libros digitales podrían reducir la tala de árboles (al hacer menos libros en papel), también es cierto que la infraestructura (servidores, internet, dispositivos) para crearlos, distribuirlos, venderlos y leerlos tiene un impacto. En naturaleza.

Y el “costo ambiental” no es el único precio que hay que pagar. A diferencia del libro impreso, que incurre en un gasto sustancial por páginas, tinta y trabajo de impresión, un archivo digital se puede copiar una, mil o 50 mil veces sin costo adicional. Sin embargo, señala Galina, producirlo, distribuirlo y actualizarlo no es necesariamente más barato. Además, acceder al libro digital tiene otro costo: pagar internet u otra forma de descargarlo y comprar un dispositivo para leerlo.

Pero también debemos mencionar un punto a favor de la difusión digital: sin costo de envío, puedes obtener libros que fueron producidos geográficamente lejos.

A diferencia de las fotocopias o de un libro pirateado, que son de menor calidad que el original, las copias de un archivo digital son todas iguales.

Aquí el reto —subraya Galina— son los derechos de autor y la famosa derechos de autor, modelos económicos y de protección que hay que “modificar”, como en la música y en la televisión. Más que comprar el objeto físico, ya se habla de la suscripción para “alimentar” la industria editorial.

Aunque dejar de copiar en un entorno digital es muy difícil, esto no significa que no se conserven los derechos de autor. Pero es necesario considerar que encriptar los archivos digitales, que impide realizar copias, tiene consecuencias indeseables, por ejemplo, para las bibliotecas que quieren hacer préstamos.

Todo un gran reto

Con la imprenta y la gente más alfabetizada, la lectura se convirtió en una actividad individual. Antes de Gutenberg, una persona leía en voz alta a los demás, ya que no había tanta gente que supiera leer. Ahora, al leer en una plataforma digital, “empiezas a tener estas conexiones nuevamente”.

Así como hay libros impresos que son clásicos —señala Galina—, en el desarrollo del libro digital, sobre todo de la literatura que nace de forma hipertextual, ya hay obras icónicas. Empieza a haber una tradición literaria en los libros que nacen digitalmente.

Aunque el libro impreso se hojea, se huele y “es un objeto muy familiar” para algunos, se pueden “sumar experiencias” digitales que hacen más compartida la lectura, como ver lo que otros lectores subrayan o comentan.

Las plataformas digitales facilitan mucho la discusión de los libros leídos. De hecho, ya existe un trabajo colaborativo donde se comparte tanto la experiencia lectora como la escritura de libros: los lectores-autores crean una historia.

El entorno digital es más ágil y útil. Comienza a crearse una literatura que, aprovechando el medio, involucra otro tipo de escritura. Son experimentos de ciberliteratura, de ciberficción, que nos van a dar algo nuevo, algo que no se podría leer en un libro impreso.

Los libros digitales comenzaron pareciéndose al libro impreso, pero con el tiempo “se creará un lenguaje completamente nuevo, probablemente más multimedia, más interconectado, menos estable; con diferentes formas de lectura, hipertextuales”.

—Con las nuevas tecnologías, ¿podríamos tener una especie de Biblioteca de Alejandría, una nube donde estuvieran todos los libros?

Solo una parte muy pequeña de todos los libros que se han producido han sido digitalizados. Y se siguen publicando nuevos libros, no solo físicos sino también originalmente digitales, que faltaría por sumar. Una librería grande es diferente de una biblioteca, donde “puedes encontrar lo que hay en ella”. En ese sentido, el sueño de una Biblioteca digital de Alejandría tiene que incluir no solo que los libros estén disponibles, sino que haya mecanismos para poder encontrarlos, y eso es un reto bastante grande.

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