Noah Lyles detona en los 200m y se acerca al récord de Bolt


    “Cuando corrí en 19.50 me pregunté ‘cómo diablos corrió Michael Johnson en 19.32, y luego llegaron a 19.19’. Y entonces me dije, no nos preocupemos por eso, ya llegará el momento”, dijo. dice, feliz y torrencial, Noé Lylesun cohete bajando por la sexta calle en la final de la tarde en Hayward Field, Eugene World Championships, los 200m y se roba el ‘show’ con la actuación más portentosa hasta la fecha. Lyles vuela y detiene el cronómetro en 19,31 segundos. Espectacular, lujoso. Si Usain Bolt no hubiera existido, diríamos que hasta increíble (como en la prueba femenina, en la que Shericka Jackson firma el segundo récord de la historia).

    El niño feliz de las trenzas marrones cumple 25 años esta semana de su nacimiento en Gainesville (Florida) solo corre contra la leyenda jamaicana, de la que se ha quedado a 12 centésimas tras vencer por uno miguel johnson y así batir el récord de Estados Unidos, esos míticos y sorprendentes 19.32s de Atlanta 96, la noche convertida en día por los flashes de las cámaras en la final olímpica, un escenario más espectacular que el atardecer de Eugene, donde la sombra no facilita la visibilidad televisiva. Lyles corre ajeno a esos detalles. “yo Estaba en condiciones para un récord mundial, pero el de Estados Unidos está bien“, se conforma.

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    Lyles impresionó hace un par de días en las semifinales (19.62 s), pero parecía que no se estaba conteniendo demasiado. La impresión engañada. El velocista salió furioso y giró en la curva (10,15s), a más de una décima de sus rivales, y en la recta ya no encontró oposición, pero mantuvo todo su empuje hasta el final, aguantó su pico de velocidad máxima hasta los 170 metros, más que ningún otro, y acabó aplastando a Kenneth Bednarek (19,77s), el del cinturón de Kung Fu, y a Erriyon Knighton (19,80s) por más de cuatro décimas. “No me quedó nada después de cruzar la línea de meta”, celebra.

    noah lyles

    JOYA SAMADimágenes falsas

    El rey de la curva es un torbellino que escribe canciones, diseña calcetines y ha heredado el espíritu hablador de Bolt de las presentaciones. Hace tres años, en la final de Doha, se tiñó el pelo de gris platino porque se sentía como Son Goku en Dragon Ball, el personaje del manga que lo inspira, y así, imitando sus gestos para anunciar sus superpoderes, celebra su triunfo en Eugene. aunque no esconde su lado más vulnerable: en 2020 reconoció que estaba tomando medicación antidepresiva. Su vida nunca fue fácil: de origen humilde, llegó a dormir en el suelo de un pequeño apartamento con su hermano Josefo, también deportista de élite, cuando sus padres se separaron y su madre se suicidó en el trabajo. por sacarlos adelante, que ha generado en Noah una infinita admiración hacia ella.

    Un rival adolescente para Lyles

    Cuando ganó su primera Copa del Mundo en Qatar, parecía que la siguiente década era suyapero entonces vino la pandemia, y Tokio, donde el canadiense André de Grasse se llevó el oro y Erriyon Knighton, el chico de 18 años que supera a Bolt a su edadincluso plata. Los focos dejaron de iluminarle porque la historia del adolescente resultaba más atractiva, pero Lyles ha respondido con furia. Hace unas semanas, en los ‘Trials’ el gesto de él tapándose la boca cuando venció a Knighton en la final generó bastante polémica. En realidad, dijo, era una reivindicación, un mensaje a quienes ya no confiaban en él, una autoafirmación que ha repetido en Eugenio.

    caballero erryon

    steph cámarasimágenes falsas

    “En Doha me sentí un poco solo, y ahora tengo dos personas corriendo igual de rápido, muy cerca de mí, somos una fuerza dominante y esta es la carrera más divertida de mi vida y todavía nos faltan los 4x100m“, admitió luego, tan feliz por el triplete estadounidense, el tercero en Eugene, como en los 100 metros y en el peso masculino, como en los 200 metros de Helsinki 2005 con Gatlin, Spearmon y Capel, como por ser el que tuvo justo en la cúspide

    Lyles seguramente sabe que el futuro será una batalla continua porque no basta con perseguir esos 19.32 de Bolt en Berlín, sino con cada oro habrá que pelearlo con el prometedor Knighton. Por ahora, el chico se conforma con menos. “Es genial ser tan joven y estar en el podio. Solo tengo 18 años y casi ni piso el gimnasio. No hago pesas, así que todavía puedo mejorar”, prometió.

    Su progresión es espectacular y nadie había corrido más este año que él (19.49s), pero en la presentación se mostró tímido, inquieto, como abrumado por el escenario, en claro contraste con la exuberancia de Lyles, a quien aún no ha vencido en los 200 metros, como si aún se sintiera demasiado joven para merecer su trono. “Noah me dijo que seré uno de los mejores en el deporte, y me sienta muy bien viniendo de él”, dijo feliz. Lyles manda y mira para otro lado, en un cruce con la historia de la prueba, y Knighton, de momento, no discute con él.

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