Dos cuadros de Antonio López embellecen aún más la exposición ‘Realidad Infinita’ en Ibercaja

Una forma ideal de ver, entender y sentir la pintura es acudir al Museo Goya a la exposición ‘Realidad Infinita’ de diez artistas figurativos, que se nutrieron de los clásicos, Velázquez y los impresionistas, que formaron un grupo de amigos, con hilos continuos. de complicidad y cariño entre ellos. esos artistas pertenecen a lo que se llamó la figuración madrileña, pero también hay otras aportaciones. La exposición, que dará mucho que hablar y atraerá a un gran público, reúne 47 piezas de pintura, escultura y dibujo de Antonio López, (“hemos cogido dos cuadros de flores de la mano del artista, ‘Rosas rosas I ‘ y ‘Pink Roses I’ y ‘Pink Roses’). Rosas II’, en el que venía trabajando desde hacía mucho tiempo. Al final, gracias a su hija María, logramos convencerlo, firmó las dos obras y salieron por primera vez de su estudio”, dijo María Toral, historiadora del arte y profesora de la exposición.), María Moreno, Julio López, Esperanza Parada, Francisco López, Isabel Quintanilla y Amalia Avia.A todos ellos, los seis primeros forman tres matrimonios, a los que se suman artistas de otras latitudes como Carmen Laffón, José Hernández y Cristóbal Toral.Así lo reveló su hija. María, ha cedido, “casi a regañadientes” para la exposición, dos de sus mejores cuadros: ‘La llegada’ (1975), de gran formato, y una pieza deliciosa, con ecos de Giorgio Morandi, ‘La mudanza’, 1982. Dos cuadros que resumen la forma de ver y representar la realidad del artista.

Las obras, que presenta la Fundación Ibercaja en el Museo Goya, abarcan 60 años de historia y trayectoria: desde 1959 hasta 2022. María Toral explicó que se había preocupado de que todos los artistas estuvieran cómodos entre sí y que quería que la exposición revelan la evolución que vivieron en su apuesta por la figuración y al mismo tiempo se reivindica la vigencia y modernidad de su estética. Citó en varias ocasiones la estrecha relación con Lucio Muñoz, marido de Amalia Avia y artista abstracto, que influyó, por ejemplo, en Antonio López y otros compañeros, aunque rara vez dieron el paso. Por supuesto, en la pieza ‘Ventana grande’ (1982-1973) el pintor de Tomelloso, que vendrá a Zaragoza en septiembre, explora diferentes niveles de abstracción.

Las obras son propiedad de los artistas, de algunas entidades como la propia Ibercaja (propietaria del cuadro ‘Mesilla de noche’ de Carmen Laffón) y de coleccionistas privados.

‘Realidad infinita’ explora los distintos caminos del realismo, la pluralidad de visiones e incluso el horizonte infinito, como ocurre en uno de los grandes cuadros de la exposición: ‘El Campo del Moro’ (1990-1994) de Antonio López. La exposición, llena de guiños, de diálogos casi secretos entre las obras y los artistas, se divide en tres partes: ‘Naturaleza muerta’, ‘Figura’ y ‘Exterior e interior’. Hay mucho que ver y sensaciones que experimentar: más allá de la novedad de ‘Rosas rosadas’, la obra de Antonio López es de gran nivel: está la emblemática ‘Vaso con flores y pared’ (1965), el retrato de él y su mujer, ‘Mari y Antonio’ ​​(1961; fue intervenido en 2011), el dibujo ‘Membrillero’ de la serie de quince que daría lugar a la película ‘El sol del membrillo’ de Víctor Erice, y ese espectacular bronce, tamaño natural, ‘Hombre mentiroso’ (2014), que se acompaña de ‘Perfil y frente para escultura de Hombre mentiroso, Francisco’, 2009.

Si Antonio López es indiscutible, su mujer María Moreno destaca en todo lo que hace: su ‘Naturaleza muerta con Membrillos’ bien podría relacionarla con Monet y Mondrian, y ‘Jardín de Poniente’ podría pasar por un cuadro sorollesco de máxima blancura en diálogo abierto con el sol. Isabel Quintanilla es toda una revelación: la suya ‘Interior de ella. Paco escribiendo’ (1995) es una de las grandes obras de la muestra: precisa, con atmósferas, parece cuando la musa se acerca y el artista atrapa al pintor y al escultor con un rictus grave.

Carmen Laffón es pura sutileza y tiende, en su pintura y escultura, a la metafísica. Esperanza Parada, esposa de Julio López, pintó no muchos años pero su huella es imborrable, especialmente en la naturaleza muerta contemporánea. Amalia Avia, que quizás fue la única que trabajaba desde la fotografía (“los demás trabajaban desde el natural, como los impresionistas”, decía María Toral), hace imágenes cotidianas en las Ramblas, Madrid o París: estaciones, tiendas, portales… los escultores poseen una gran fuerza y ​​expresividad. ¿Y José Hernández? De entrada, podría pensarse que este maestro de la obra gráfica y gran pintor exploró también otras latitudes y quizás un mundo más inquietante y fantástico. “José Hernández fue un gran pintor y es cierto que trabajó en un mundo más oscuro, lúgubre, incluso goyesco, ligado a los bestiarios, pero también fue un artista realista que entendió a todos estos artistas. Eran muy buenos amigos y para mí ha sido fácil y natural incluirlo”, ha explicado María Toral, que ha seleccionado, según dicen, algunas piezas emblemáticas de su padre, Cristóbal Toral.

Tras los meses de verano, comenzará un ciclo de conferencias, ‘Miradas Realistas’, que contará con Antonio López en una de las ponencias y los hijos y familiares de otros artistas. María Toral estuvo acompañada por el director de la Fundación Ibercaja, José Luis Rodrigo, orgulloso de una cuidadísima exhibición; Charo Añanos, directora del Museo Goya, y Mayte Ciriza, responsable de Obra Cultural de la Fundación Ibercaja. A nadie se le escapaba que se inauguraba una exposición especial, refinada e íntima, con un potente lirismo, que homenajea al espacio y al propio Francisco de Goya.

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