Juegos ópticos en un universo de madera y superficies pulidas

Hijo de carpinteros, vecino de La Paternal y luego de Parque Patricios, el escultor argentino Botón Naum (Buenos Aires, 1917-1993) amaba la madera. Este fue su principal material de trabajo, su compañía diaria a lo largo de 76 años de vida, aunque también trabajó la terracota, el bronce, el cemento y el mármol. En la Fundación Knop se observa claramente la presencia de la madera: el antiguo establo que el artista convirtió en casa y taller en 1970 alberga más de 300 esculturas en petiribí, algarrobo, palo santo, guatambú y sophora. Conforman piezas redondeadas, lijadas, brillantes, de formas figurativas y abstractas cercanas a la Surrealismoinfluenciado por el trabajo de Henry Moore, Jean Arp, Ossipe Zadkine, Constantino BrancusiUmberto Boccioni, marc chagallVersión local de los sueños con capacidad de vuelo.

Contrariamente a los movimientos llevados a cabo por la mayoría de los artistas locales hasta mediados del siglo XX, Knop no diseñó su viaje iniciático a Europa sino a Estados Unidos. Los Ángeles fue, en 1947, la primera escala de una larga gira profesional y de estudios. Luego realizó una gira por Chicago, Nueva York y más tarde, sí, su interés lo llevó a Suiza, Francia, Italia y Gran Bretaña. Cuando Knop regresó a Argentina en 1949, comenzó a trabajar en la talla ornamental.

Vista de la habitación de la Fundación Knop.

Vista de la habitación de la Fundación Knop.

Unos años más tarde, en 1962, ganó el Premio Internacional de Escultura del Instituto Torcuato Di Tella y en 1964 el Premio Palanza: ellos marcarían el camino.

Trabajos ópticos y cinéticos.

En este marco, la exposición permanente de esculturas de Knop en la fundación que lleva su nombre, conviven hoy con geometría vibrantela exposición temporal de obras cinéticas y ópticas bidimensionales y tridimensionales de Roger MacEntyre.

Autodidacta, MacEntyre-hijo —su padre fue el reconocido artista óptico Eduardo MacEntyre, 1929-2014— decidió, precisamente cuando falleció su padre, dar un giro de 360 ​​grados a la vida. Dejó a un lado el mundo audiovisual en el que siempre había trabajado y decidió dedicarse a la creación plástica. “Parte del trabajo que se exhibe en la Fundación Knop lo he estado haciendo desde entonces”, detalla MacEntyre. “Para hacerlos, utilizo capas superpuestas de diferentes materiales. Las distancias entre estas capas juegan un papel matemático trascendental, ya que de ellas depende la forma final de las figuras que se forman y, por tanto, el movimiento que el observador percibirá posteriormente”.

"Portal"obra de Roger MacEntyre.

“Puerta de enlace” de Roger MacEntyre.

MacEntyre comenta que después de muchas pruebas logró obtener el efecto que buscaba: depende de la distancia de las placas superpuestas y del grosor de las líneas que las intersecan. De esta forma, inventa un efecto moiré, es decir, un efecto óptico que se produce cuando percibimos dos patrones de líneas cercanas y paralelas, que se superponen en determinadas condiciones.

En el conjunto de piezas que componen la exposición se pueden apreciar subgrupos de diversas producciones. Por un lado, se observan los trabajos bidimensionales y ópticos; por otro, los trabajos cinéticos con motor; luego las obras tridimensionales, y finalmente las pinturas realizadas con resinas coloreadas. Sobre este último, el artista comenta: “El uso de la resina en múltiples capas forma figuras simples y orgánicas que, superpuestas, dan lugar a imágenes acuosas y colores inesperados, como resultado de la superposición”. MacEntyre explica que el resina, cuando se aplica sobre una superficie plana, tiende a expandirse. Cada capa tarda unas 24 horas en secarse. “Un cuadro puede tener hasta 30 capas de resina superpuestas”, detalla, “sin mencionar la dificultad que puede causar la sorpresa de encontrar un insecto o una partícula que se posa sobre él”.

"Gotas de lluvia"por Roger MacEntyre.

“Gotas de lluvia”, de Roger MacEntyre.

Las obras expuestas en las tres salas que abarca la exposición geometríasconviven con las esculturas de Knop instaladas de forma permanente en el jardín de la Fundación. Este diálogo artístico incluye una dilatada expografía, pero sobre todo la maravillosa gestación del espacio arquitectónico y la importante presencia de la naturaleza (una naturaleza cuidada, exquisita, a la que Pablo, el hijo de Knop, atiende con dedicación).

¿Por dónde pasa en esta casa-museo el meridiano que define la tensión, la noche, la verdad y las horas? Es decir, el borde (permanente o fugaz) de la existencia de las obras. No son las muestras las que definen aquí su vida y su posible circulación, sino los límites inciertos entre los universos de madera: se dibujan entre las esculturas, en el tronco y la alta copa de la jacaranda, en la savia del mburucuyá y en el pasaje que designa la inmensa y antigua puerta de hierro rojo: ascensión. Las obras conviven en esta casa cayendo en el espacio, precediéndolo o posponiéndolo. “Primero sentí la necesidad de imprimir en el espacio”, recordó Knop en la década de 1960, “para rastrear y construir formas que lo invadieran o lo contuvieran, que intentaran la aventura de ser yo mismo en un avión de apoyo”. Aquí el viento constituye las obras: adelante, convoca.

Para visitar la exposición y la fundación, concertar una cita en info@naum-knop.org

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