Harden se borra y los Heat son finalistas en la Conferencia Este

Adiós a los Sixers. Es el fracaso de un proyecto, dos jugadores y un entrenador. También de un fichaje fallido, una idea que lleva muchos años y otra nueva, con Daryl Morey en los despachos, que tampoco ha funcionado. El conocido como El proceso y su eterno lema, Confiar en el procesocertifica que lo que antes era tanqueando hoy son migajas. Ni una sola final de Conferencia en todos estos años, una ausencia que continúa desde 2001, cuando Allen Iverson llegó a las finales con Dikembe Mutombo como guardaespaldas y Larry Brown como entrenador y mesías. 21 años de una espera interminable, de un bochorno casi descomunal que ha dejado lánguido a un equipo histórico, de esos que la NBA siempre ha elogiado como uno de los su. Ya no se parece en nada a la esencia que mostraban con los anillos prehistóricos de 1955, 1967 y 1983, con Julio Erving, Moisés Malone y su para, para, para. Ya no hay héroes, referentes ni estrellas que brillen en el firmamento. El pasado es mucho mejor que el presente, y el presente no parece mejor que el futuro. Y eso, como está escrito, es tan impenetrable como doloroso.

Los Sixers se despiden de la temporada en semifinales de Conferencia, ronda a la que ya llegaron en 2018, 2019 y 2021. Ni ante Celtics (4-1), Raptors (4-3) o Hawks (4-3) lo han conseguido emergen, ya sea con lecturas esperanzadoras o extraordinariamente negativas, el año pasado a la vanguardia. Este año, el Heat los venció 4-2, los expulsó en el Wells Fargo Center, estadio que los volvió a abuchear y que lógica y legítimamente se ha hartado de todo lo que tiene que ver con el equipo, su equipo. En una ciudad como Filadelfia, que conoce y entiende el baloncesto, tal fracaso se magnifica y se deja sin excusas ni narrativas. Ni con Ben Simmons, ni con James Harden. Ni con Brett Brown, ni con Doc Rivers. Y siempre con Joel Embiid como epicentro de un proyecto que ha liderado con orgullo y honor, pero como una estrella a la que ha acompañado la banda de gafe o vergüenza. Mal acompañado, bien acompañado, con un nivel que no estuvo a la altura de los Raptors o Marc Gasol en 2019 o lleno de esas lesiones que han acompañado a un jugador mágico, talentoso, pero lleno de maldición y de una capacidad personal que no ha estado a la altura de las circunstancias en momentos determinados del pasado más reciente.

El traspaso de James Harden por parte de Ben Simmons, denostado por todo y por todos, por méritos propios y rencores ajenos, no ha resultado como se esperaba. Los primeros juegos de Harden presagiaron un aumento en las apuestas como candidato a la franquicia., pero la esperanza fue fugaz. Doc Rivers nunca quiso un jugador que no se adaptara a su sistema ofensivo, con jugadores abiertos, mucho movimiento de balón para buscar a Embiid y salir en transición cuando y cuando fuera necesario. Harden frena demasiado en ataque, driblea demasiado, no corre, no defiende, constantemente le pide bloqueos a Embiid y hace gala de una pasividad que se ha visto reflejada en un sexto partido para el olvido, pero que quedará en la memoria de su habitual rebaño de enemigos: 11 puntos, 4 rebotes y 9 asistencias, solo 2 tiros intentados en una segunda parte en la que se fue sin goles y ningún tiro libre intentado en 43 minutos de juego. Una actuación patética y desastrosa cuando su equipo más lo necesitaba. sepultando la breve resurrección del cuarto juego (31+7+9 y clave al final) y también una reputación que cada vez está en un pozo más profundo. Las ganas insaciables de Daryl Morey le llevaron a Filadelfia, tercer proyecto que dejaba en jaque tras dejar a Rockets y Nets por la puerta de atrás. En 2012, también fue el chivo expiatorio de la derrota del Thunder en las finales de 2012. De mal en peor.

Esta vez no hay reproches para Embiid, que hizo todo lo que pudo. Después de ser segundo en la votación de MVP por segunda temporada consecutiva (ambas veces detrás de Nikola Jokic), el pívot ha jugado con máscara, cara fracturada, pulgar destrozado y mucho orgullo. Su sola presencia permitió a los Sixers nivelar el empate, pero el Heat recogió las migajas de lo que quedaba de la estrella en el quinto round, el smack through de Dewayne Dedmon, y lo detuvo con dobles y triples defensas en el sexto, en el que ha acabado con 20 puntos (pero 7 de 24 en tiros), 12 rebotes y por tierra en un sinfín de ocasiones. Embiid se ha precipitado, ha estado en 2 de 8 en triples, ha cebado desde una media distancia en la que no ha acertado y ha pasado 44 agotadores minutos en pista. Pero lo ha intentado, lo ha intentado hasta el agotamiento, roto y cansado, pidiendo una toalla en cada descanso para secarse el sudor de una mascarilla que le ha molestadoha afectado su visión y su respiración y le ha impedido ser el mismo jugador que en temporada regular Ha promediado 30,6 puntos (líder NBA), 11,7 rebotes y 4,2 asistencias, además de lograr 46 dobles-dobles. Una vez más, el centro se queda en las puertas. Aunque esta vez no fue su culpa.

¿Y el Calor? Llegan a las finales de Conferencia por primera vez desde 2020, en la burbuja de Orlando, y por segunda vez desde los tiempos de LeBron James y compañía. Al descanso solo ganó por un punto (49-48), pero pronto se hizo con el control del partido sin mucha brillantez., jugando bien pero no muy bien, haciendo lo que tenía que hacer y esperando a que sus rivales cayesen solos. De hecho, el parcial del tercer cuarto fue 25-15 y ahí se acabó, por mucho que algunos optimistas pensaran que iba a haber algo de emoción. La diferencia pasó a ser de 20 puntos y se quedó en 9 como mero maquillaje, capturaron 13 rebotes ofensivos ante una pasividad rival casi bochornosaaprovechó las segundas oportunidades y disipó las dudas que generaron tras ver cómo los Sixers empataban la serie. Los Heat son el mismo equipo que han sido durante la temporada regular, han mostrado lo mismo que durante la temporada regular y han ganado como lo hicieron en la temporada regular. Con intensidad, defensa, ayuda constante, profundidad de banquillo y un Jimmy Butler que es un seguro de vida: 32 puntos (13 de 29 en tiros), 8 rebotes y 4 asistencias. Excelente Max Strus (20+10+5), PJ Tucker imperial a ambos lados de la pista (12+9), momentos intermitentes de Tyler Herro (10)… El Heat es un equipo sólido, seguro y confiable. Quién sabe cuáles son sus fortalezas y limitaciones. Y eso que dará guerra, claro, a los Celtics oa los Bucks. Será una gran serie.

Y los Sixers, al rincón de pensar. Es probable que Doc Rivers, Joel Embiid y James Harden no vuelvan a juntarse para el curso de baloncesto y que uno de los tres caiga, y el entrenador, que se está quedando sin los argumentos desde que salió de los Celtics (su anillo en 2008 ya está muy lejos) tiene una posición cada vez más complicada y no parece que esté contento con las decisiones de Daryl Morey y con cómo ha rodeado a un Embiid con el que estaba en plena sintonía. El técnico ha sonado a los Lakers, que podrían estar esperando a que se resuelva su temporada para entrevistarle. Y por ahí se habla de Mike D’Antoni para los Sixers, algo con lo que Morey cumpliría un sueño: trasladar todo lo que tenía en Houston a Filadelfia. Lo que tiene vale la mitad más allá de Embiid: Maxey mezcla buenas rachas con lluvias constantes, Niang va a medio gas, Milton no anota ni un solo y Danny Green, siempre útil, se ha lesionado en el primer cuarto del sexto partido. Harden, por su parte, ganará 47 millones de dólares la próxima temporada y espera una nueva renovación millonaria de Morey, que tiene 34 años y está lejos de su mejor nivel. Y ya empezaron las filtraciones sobre la mala relación con otros compañeros. De todas formas. Muy bien los Heat, todo mal en los Sixers. vivir para ver.

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