“Atlas”: una película surrealista sobre los fantasmas de la crueldad en la ciencia

Cuqui Jakob recuerda anécdotas de su abuelo Christofredo Jakob, un importante neurobiólogo alemán contratado por el gobierno argentino como jefe de laboratorio del Hospital Nacional de Mujeres Locas para modernizar sus institutos mentales a principios del siglo XX.

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Vanidosos e intrépidos, Prometeo y su hermano Atlas intentaron enfrentarse a los dioses del Olimpo para quitarles el poder. Los dioses, demasiado humanos, en respuesta al asalto, les aplicaron un castigo ejemplar. Mientras un buitre hambriento devoraba diariamente el hígado de Prometeo, Atlas, al otro lado del mundo, se vio obligado a soportar todo el peso de la bóveda celeste sobre sus hombros.

Muchos siglos después, mientras el tiempo sea una sustancia medible, aby warburgmentor, entre otros, de walter benjamin y George Didi Huberman, esbozó un proyecto demente e inacabado, sesenta tablas que recopilan más de dos mil imágenes, a partir de las cuales compone una especie de cartografía abierta e inconexa. Los límites de este Atlas son imprecisos y las definiciones propuestas también son imprecisas. En realidad, el Atlas Warburgiano (Cuadro Atlas Mnemósine) es una red de relaciones, siempre susceptible de modificación, que nos invita a pensar qué son las imágenes, qué hacer con ellas y qué pueden hacer. El archivo visual de Warburg (sobre la persona se han tejido mil historias, probablemente todas ciertas) se opone a la concepción de Atlas en su definición de catalogación, como un sistema cerrado construido según criterios previamente establecidos.

Una de las historias más hermosas relacionadas con Warburg cuenta que el niño Aby, por su condición de primogénito en una familia de banqueros judíos alemanes, se encargó de tomar las riendas de la fortuna familiar cuando el destino así lo ordenó. Pero Aby tuvo la siguiente idea, le ofreció a su hermano Max la cesión de la primogenitura, y con ella la gestión de la cuantiosa herencia, a cambio del compromiso fraternal de brindarle absoluta disponibilidad económica para adquirir cualquier libro que quisiera. En el momento de mudarse a Londres, en 1933, amenazado por la estaca nacionalsocialista, su biblioteca contenía 60.000 volúmenes.

Entre 1921 y 1924, unos años antes de su muerte, Warburg fue ingresado en una clínica neurológica bajo el tratamiento directo de Ludwig BinswangerPsiquiatra suizo que revolucionaría la investigación sobre enfermedades mentales.

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hans sachsdiscípulo relegado de Sigmund Freudle hace decir a su maestro y amigo (Así se titula la biografía) que sólo enfocando las ideas en un interés central se pueden hacer grandes descubrimientos. Este, precisamente, es el caso del investigador cristofredo jakobquien, gracias a la promesa de Amancio AlcortaMinistro de Relaciones Exteriores, para dotarlo de más cerebros de los disponibles en su Alemania natal, se trasladó a Argentina en 1899. Año milagroso (nacieron, con once días de diferencia, Alfred Hicthcock y Jorge Luis Borges) que comienza la historia de Atlasdocumental dirigido por Ignacio Masllorens y guadalupe gaona.

El objetivo del documental se capta rápidamente: indagar en la vida y obra de cristofredo jakobun hombre obsesionado con la investigación del cerebro, autor, junto con Clemente Onellidirector del Zoológico de Buenos Aires, del famoso Atlas del cerebro de mamíferos de la República Argentina (1913). Para ello, los directores ponen en marcha (término fundamental en esta película) procedimientos costosos para el género, convocar a familiares, visitar lugares de trabajo, recabar información, rescatar fotografías, descubrir secretos, solicitar la opinión de referentes.

Sin embargo, la aproximación al material, entre el detalle y el fragmento, los testimonios lacunares, la exégesis ambigua de las teorías de Jakob, la superposición de imágenes, los registros borrosos de la época, las versiones cruzadas, el subsuelo oscuro del hospital, provocan que la parafernalia documental se vuelve fallida, y del fracaso, polvo y ruina.

cartel de "Atlas" de Ignacio Masllorens y Guadalupe Gaona
Cartel de “Atlas” de Ignacio Masllorens y Guadalupe Gaona

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La ruina y el polvo básicamente representan signos de destrucción. Al respecto, existe un artículo central de Walter Benajmín titulado “El carácter destructivo”:

El carácter destructivo no ve nada duradero. Pero por eso mismo ve caminos por todas partes. Donde otros tropiezan con muros o montañas, él también ve un camino. Y como lo ve en todas partes, por eso siempre tiene algo que dejar en el camino. Y no siempre con una violencia áspera, a veces con una violencia refinada. Como en todas partes ve caminos, siempre está en la encrucijada. En ningún momento es capaz de saber qué traerá consigo a continuación. Hace escombros de lo que existe, y no por los escombros mismos, sino por el camino que los atraviesa.

Pero esos elementos característicos de la destrucción (debemos verificar si las ruinas son anteriores o posteriores al desastre, sabemos que del polvo venimos y al polvo vamos) también conspiran para formar una atmósfera onírica, onírica. El efecto onírico Atlasse profundiza con la presentación de la trama fotográfica de mujeres enajenadas que nos observan como si aún estuvieran vivas y con la superposición sistemática de tiempos e imágenes, maniobra típica del surrealismo, el brazo armado del arte de vanguardia para demostrar que los sueños coagular una más densa que la mera vigilia: Atlas es un documental surrealista del mismo modo que una película o una serie de david lynchporque habla con fantasmas.

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La historia de Christofredo Jakob contiene elementos propios de una historia de terror (la música de Ezequiel Kronenberg –a menudo apellido– ahonda la tensión y el suspenso) protagonizada por muertos, disecados, enterrados, resucitados, aunque el terror se matiza gracias a un hilarante contrapunto, por no escribir delirante, la entrevista a la nieta y bisnieta del Dr. Jakob. En estos episodios familiares se refuerza el elemento onírico, ya que se desarrolla en un espacio donde el tiempo parece haberse detenido. Prueba del cuidado es la relación entre madre e hija, personajes ellos mismos anacrónicos, envueltos en un vínculo filial sin progreso, tenso, teñido por un conflicto original.

No puedo evitar ver en las entrevistadas el aura de las mujeres del hospital psiquiátrico donde trabajaba Jakob, como si los planos de la realidad se superpusieran, como si la nieta y la bisnieta fueran coetáneas de los alienados, pero, por supuesto, en un tiempo lejos de los arduos mandatos de la cronología. Esta brecha abre otras dimensiones de la película, dimensiones desconocidas incluso para los directores.

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En el transcurso de la película notamos un desplazamiento, el eje gira desde el profesor Jakob hacia las imágenes. Atlas se trata de la imagen (la señala casi de pasada Masllorens cuando presenta la película en el Malba). Entonces la cosa cambia, porque además del intento fallido de documentar la vida de un hombre, Atlas se convierte en “una máquina para pensar imágenes, un artefacto diseñado para saltar correspondencias, para evocar analogías”, como indica aby warburg en su proyecto insaciable.

Atlas trabaja sobre el poder de las imágenes, imágenes que vuelven, imágenes que deberían haberse perdido, imágenes irrecuperables (como las enajenadas) y que siguen tocando una fibra de la realidad. El término vida futura, asociado a los tres personajes mencionados al inicio (Warburg, Benjamin, Huberman), podría ser productivo en cuanto se refiere a “la vida del difunto en la memoria de los sobrevivientes”, es decir, de los que quedaron, de los que no han muerto. El difunto, en pie de guerra, se niega a morir, y reclama, protesta, quiere seguir viviendo entre nosotros, en nuestra memoria: insiste, nos incomoda, nos inquieta. Que se rebela contra el olvido. Aquí radica el poder de las imágenes. No su poder, sino lo que pueden frente a lo real insoportable.

Omití un dato de color, Aby Warburg y Christofredo Jakob nacieron el mismo año, 1866, en Alemania, uno en Hamburgo, el otro en Baviera.

cuki jakob
cuki jakob

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Atlas navega en aguas impenetrables: la biografía de un hombre, el cerebro humano, las locas del hospicio, el tigre que camina en su jaula, el pavo real desplegando su corona, el cóndor anhelante, la montaña, la naturaleza. La película nos confronta con el límite infranqueable de la voluntad positivista de saber, con sus raíces ancladas en la Modernidad. Allí nace la idea de la naturaleza como objeto de conocimiento, recurso natural, objeto de dominio. Pero cuidado con demonizar ingenuamente al positivismo, de esta corriente, por pasión o contradicción, surgieron pensadores bisagra, radicales, Nietzsche, marx, freudincondicionalmente sospechoso de su ascendencia.

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Durante los minutos finales, la cámara parece obsesionada con perforar las texturas, las fotos, los mapas, los diagramas, se detiene en ellos, conserva la esperanza de establecer un punto de apoyo que sirva de soporte a un discurso condenado a la disolución. . Pero a la larga, lo único reconocible será el aspecto en sí.

Atlas Es “una biografía sobre la mirada” (dicta Masllorens en su extenso audio de WhatsApp), sobre lo que vemos, lo que nos mira. Lo que vemos nos devuelve la mirada (pasamos casi seis minutos hipnotizados por los rostros de los alienados), el poder fantasmagórico de estas mujeres, plasmadas en fotografías cuyo destino era arder para siempre en la noche de los tiempos, como brujas; allí arde la imagen, cuando toca algo real, arde de deseo, arde de destrucción inminente, arde de memoria y ante el dolor (de los demás).

Pacientes del antiguo Hospital de las Alienadas, hoy Hospital Moyano
Pacientes del antiguo Hospital de las Alienadas, hoy Hospital Moyano

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El espectador contempla a los visitantes del zoológico (otro lugar propicio para las apariciones), el visitante mira a los animales enclaustrados, los médicos observan la anatomía humana, abren cuerpos y cabezas para ver qué hay, la enfermera mira fotos de los internos mirando a cámara y emite su diagnóstico, madre e hija repasan el pasado, recuerdan un cartel al pie de la montaña que conduce a “La mirada del doctor”, y esa mirada, dice la nieta, “es el profesor Jakob”; Es una vista desde la montaña, y desde allí, dice la bisnieta, “se veía la mirada del médico”; los directores, finalmente, pusieron sus miras en la mirada de la ciencia.

El método arqueológico de Gaona-Masllorens indaga en la superposición de imágenes, heredadas o construidas, entrelazadas en un juego de relaciones, conscientes e inconscientes, luminosas o precarias, en constante mutación y resemantización: Atlas disecciona la mirada ajena ya la vez subraya su propio funcionamiento: el mirar como ejercicio metodológico, estético, político. Desacostumbrar la mirada (otro principio del arte de vanguardia). Ver otra manera, tal vez.

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En 2010, George Didi-Huberman comisarió la exposición Atlas, en el museo Reina Sofía. Las palabras que cierran el catálogo, incisivas y exactas (Didi-Huberman suele dar con la tecla), describirían bien un aspecto esencial de nuestra Atlas: “Es, entonces, el tiempo mismo el que se hace visible en el montaje de imágenes. A cada uno –artista o estudioso, pensador o poeta– ​​le corresponde convertir esa visibilidad en el poder de ver los tiempos: un recurso para observar la historia, para poder manejar la arqueología y la crítica política, ‘desmantelarla’ para imaginar alternativas modelos”.

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Quizá Cuqui, la nieta del viejo Jakob, tenía razón cuando se le oyó decir en off: “Van a pensar que estamos todos locos”.

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