una noche donde la literatura asumió el fanatismo de una estrella de rock

Foto de Ral Ferrari
Foto: Raúl Ferrari.

Con cientos de personas que no pudieron entrar a escucharla por el reducido aforo de la sala Victoria Ocampo, la escritora Mariana Enríquez inauguró el Diálogo de Escritores y Escritoras, el evento más literario de la Feria Internacional del Libro, y compartió algunas reflexiones sobre el género y los tropos que le interesan sobre los problemas sociales, su “relación lúdica con la ficción” y aquello que la impulsa a escribir crónicas, cuentos y novelas: “Escribo para no quemarle la cabeza a la gente”, confesó.

Falta media hora para que comience la charla del autor de “Nuestra parte de la noche” y el primer piso del pabellón blanco está repleto de gente. “Todos somos fanáticos locos”, le dice a una amiga una de las muchas chicas que resignadas esperan un lugar en la sala Victoria Ocampo, donde minutos después Mariana Enríquez será ese fenómeno de devoción que solo sienten los fanáticos, término que es ajeno a la literatura y está más cerca del universo de la música. Como la propia autora, sus lectores se nombran así: es agradecimiento, es pertenencia, es elección.

“Viajamos una hora para venir aquí”, “¿no podemos mirar con la puerta abierta?”, “¿sabes si va a firmar?”, se sigue escuchando en la desordenada fila de La Rural, un pasillo abarrotado donde el aire escasea con los pesados ​​abrigos de una tarde fría y donde la situación con los guardias de seguridad y con el chico que habilita las entradas, que repite una y otra vez que sólo entran los que tienen número, se hace cada vez más más tenso. En el tumulto, los que tuvieron la suerte de encontrar el número unas horas antes levantan la mano con el papel de la victoria. El resto se queja de la falta de información previa, pero opta por esperar: no podrán escucharla en la apertura que Enríquez comparte con la escritora, docente e investigadora Elsa Drucaroff, pero al menos dos horas después tendrán su firma. , tras una larga cola en el firmódromo y ya de noche.

Foto de Ral Ferrari
Foto: Raúl Ferrari.

En formato conversacional y con preguntas, obviamente con un salón lleno, con algunas personas de pie al fondo, Enríquez inauguró el Diálogo de Escritores, que hasta el 6 de mayo ofrecerá paneles literarios sobre diferentes temas que cruzan la narración con las drogas, la marginalidad, el amor feliz. . “Mariana tiene un radar artístico para captar los traumas, las fobias, el inconsciente colectivo de una época. Ahí radica un talento poderoso”, la presentó Drucaroff ante un público atento, silencioso y que aplaudía cuando los tiempos de la charla invitaban a los aplausos y los silbidos. Cuando no, silencio absoluto.

“Los jóvenes siempre te leen”, la convocó Drucaroff, y Enríquez con su tono sosegado de humor negro, despojado, incorrecto, el mismo que mantuvo durante toda la charla plagada de anécdotas y detalles, respondió: “No sé , pero mejor. Cuando escribí “Bajar es lo peor” escribí pensando en mi generación. Leía mucho pero lo que no encontraba eran escritores que hablaran de lo que nos estaba pasando a nosotros, a la gente de nuestra edad… sensación de falta de futuro, calle, embriaguez”.

La autora dijo que comenzó a escribir a los 17 años, en pleno movimiento menemista. Repartía sus escritos como panfletos de pocas páginas a sus amigos que no eran sus lectores y tampoco le importaban los escritores, no los conocía, no los respetaba. “Yo no sabía nada”, dijo de esa época que se refleja en su primer libro, “Going Down Is The Worst”, que lo ubica temporalmente a principios de los 90. “Eran un montón de niños salvajes, haciendo lo que hacían sus padres: lo que podían. Creo que algo de eso se quedó en mi sentimiento de impotencia”, reflexionó.

Sobre el género de terror y la relación con la juventud dijo: “Pasé de escribir libros generacionales sobre jóvenes a escribir un género que suele leer la gente joven”, aunque advirtió que “la imaginación no tiene nada que ver con la edad” y cuestionó por qué. que a los 18 no se puede leer “El señor de los anillos” pero se puede leer “un libro sobre una señora que limpia casas”.

“Tengo una relación muy lúdica en la ficción”, sostuvo y consultada por miedo a escribir, aseguró que cuando escribe lo hace “divertido”, “para nada” con miedo. En cambio, confesó: “Sí, tengo miedo cuando me sale un lunar medio raro y creo que me voy a morir de cáncer. No le tengo miedo a la gente porque no me fijo en la gente. Tengo miedo a muchos temas pero cuando llegan al papel, no les tengo miedo”.

Drucaroff la definió como una escritora que no es indiferente al “dolor social” y le preguntó por esa preocupación en su obra, a lo que Enríquez respondió: “Durante mucho tiempo quise escribir terror pero no sabía qué. Busqué en Stephen King para ver qué hace, comencé a leerlo en ese sentido. Entonces pensé: ‘Puedo hacer historias de terror pero con cosas que nos asustan en nuestra cultura y como cuerpo femenino’. Son tropos que son por ahí y que tenemos que afinarlos un poco”.

Sobre cómo siente que lo leen en el extranjero, donde está siendo muy leído y premiado, Enríquez dio una definición partiendo de la premisa de que está tratando de “escribir el género”, más allá de todo lo demás: “El contenido es argentino, latino americana y marianista. Pero lo que quiero que lean es una historia de terror. Y hay historias que son sociales y otras que no lo son” o que “podrían tener lugar en cualquier lugar”.

Foto de Ral Ferrari
Foto: Raúl Ferrari.

En este punto sostuvo que “somos lectores en el Río de la Plata, nos formamos con las traducciones y creo que hay algo de eso en lo que escribo, esa especie de filtrado de literaturas diferentes”, consideró sobre esos autores que se cuelan en, como Baudelaire, Faulkner o el romanticismo. Y agregó: “No es un deseo antropológico, sino por cosas que son cercanas. Yo tengo aquí a San La Muerte porque mi familia correntina es hincha”.

Tras una charla en la que la escritora relató las dificultades de construir narradoras, sus paseos por los cementerios, sus fanatismos y obsesiones, hubo un brevísimo intercambio de preguntas con el público asistente. “Ay, qué nervios”, dijo uno de los interlocutores de la sala cuando se detuvo a preguntarle, a lo que la autora respondió generosamente con un “tranquilo”, como si en ese auditorio estuviesen los dos y no otras 200 personas.

“¿Qué te motiva a escribir?” preguntó otro lector. “Necesitaba trabajar urgentemente y por eso estudié periodismo. Quería entrevistar a estrellas de rock, no me interesan los escritores. Tenía 17 años hermano, qué te interesa a esa edad”, respondió.

Y agregó: “Escribo no ficción, cuentos y novelas, por ahora. En el caso de las crónicas, en general, eso tiene que ver con el periodismo, y las obsesiones. En los cuentos es la idea. Cuando me dicen ´porque en el cuento Silvina´(para un personaje) para mi es un punto negro, una s, porque para mi un cuento es una idea, o una imagen, no un personaje.Y en las novelas la obsesion es con mis personajes, yo estoy pensando en los pantalones que lleva puestos, incluso escribiendo diálogos que no se pone después”.

Foto de Ral Ferrari
Foto: Raúl Ferrari.

“Tengo la suerte de que me gustan muchas cosas”, dijo también el escritor y se refirió a la música, el cine, las películas, las series. “Lo que me obsesiona es ir a ver el cuadro de (Edvard) Munch, eso es lo que me pasa, es una ilusión total. Obsesiones personales que me acaban chocando la cabeza y tengo que sacarlas porque si no te quemo, o te llamo a las tres de la mañana. Escribo para no quemar la cabeza”.

Con el reloj apurado y sabiendo que aún faltaba mucho para el cierre de la jornada, Enríquez prometió ir a firmar los libros al “firmódromo de las vacas”, y mientras se abrían las puertas de la sala, algunos comenzaron a aumentar. la velocidad y luego subir corriendo las escaleras rápidamente, junto con todos esos otros fanáticos que no podían entrar pero estaban esperando para “al menos verla pasar”. La avalancha de literatura fue de juventud y terror.

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