Rirkrit Tiravanija: Un mezcal con Doña Goya es una obra de arte

La tailandesa Rirkrit Tiravanija y la oaxaqueña Gregoria Cruz Peralta se comunican a través del barro. El artista no sabe español y el alfarero no habla inglés, pero desde hace dos años trabajan juntos. Doña Goya le ha enseñado a modelar la arcilla como le enseñó a ella su madre y su madre a su abuela. “Es muy bonito, es muy precioso”, dice Peralta. Detrás de él se levanta una casita de madera y tejas negras construida en la sala central de la galería Kurimanzutto en la Ciudad de México. Dentro, una mesa larga, cuencos de barro, mezcal y pulque; olor a madera y alcohol. Tiravanija, en la penumbra, sirve bebidas a los visitantes. El encuentro es la obra de arte.

La galería, un espacio luminoso y despojado, se comprime dentro de la “casita”, como la llama el artista. El techo es bajo y el espacio está iluminado por las velas colocadas sobre la mesa. Hace calor. Tiravanija recreó a escala, en ese momento en un barrio tradicional de la Ciudad de México, una casa que conoció en lo alto de la montaña, en Oaxaca. Cuando le mostraron esa construcción de piedra deteriorada, buscó una “coartada” que le permitiera restaurarla. Luego comenzó a cocinar azulejos negros. Unos se quedaron en la sierra y otros bajaron a la capital. Este sábado, en la inauguración de la obra, titulada Mezcal vs Pulque, el artista pasó más de dos horas en un extremo de la casa sirviendo mezcal de una olla; En el otro extremo estaba Kythzia Barrera, coordinadora de la Cooperativa 1050º, integrada por alfareros de Oaxaca, Puebla y Chiapas, ofreciendo pulque.

De los visitantes en la galería Kurimanzutto, este sábado.
Dos visitantes en la galería Kurimanzutto, este sábado.Claudia Aréchiga

“El mezcal y el pulque son mis dos némesis cuando vengo a México”, dice Tiravanija, quien vive entre Nueva York, Berlín y Chiang Mai (Tailandia) y ha expuesto en el MOMA o el Museo de Arte Moderno de París: “O tomo demasiado pulque o demasiado mezcal. Estaba tratando de encontrar una razón y, por supuesto, todo se reduce a que bebo demasiado”. El tipo de cosas, dice, que hace con amigos. Hace cuatro años presentó otra instalación, sin titulo 2018, que también invitó a los visitantes a compartir el momento: construyó un gran laberinto de bambú para celebrar, entre otras actividades, las ceremonias del té. Su obra, según define la galería, “crea contextos abiertos” como estos que permiten la reflexión; es, al mismo tiempo, “banal y profundo”.

“Elige una taza y decide si prefieres pulque o mezcal”, propone Tiravanija a quienes ingresan. “Es una especie de juego y por lo tanto se convierte en una relación”, explica sobre la instalación que permanecerá hasta el 16 de julio.

Los visitantes se agachan para entrar por la puerta, sobre sus cabezas hay un altar: dos platos, un candelabro y la figura de un pájaro. En la larga mesa frente a él hay cuencos más profundos, más bajos, en forma de copa, del color de la arcilla o negro, manchando las manos. Peralta, de 56 años, es uno de los alfareros que los hizo. Ella es de Río Blanco Tonaltepec, al igual que Margarita Cortés Cruz y Marisela Ortiz; Silvia García Mateos y Leopoldo Barranco son de San Bartolo Coyotepec. Ellos cinco y sus familias, un total de 25 personas, moldeaban y horneaban las piezas. “El proceso es pesado”, dice el artesano. Primero hay que encontrar la arcilla, ponerla a secar, molerla; humedecerlo nuevamente y batirlo “como un atole”, colarlo. Y luego empieza a darle forma con tus manos.

Piezas de barro creadas por alfareros de la Cooperativa 1050º.
Piezas de barro creadas por alfareros de la Cooperativa 1050º.Claudia Aréchiga

Tiravanija ha aprendido la técnica en los últimos dos años, pero se considera un aficionado. “En realidad, solo observo”, reconoce el artista. “Realmente no había mucho que pudiera hacer porque todo ya es increíble y perfecto”, agrega. El artista podría pedir, por ejemplo, que una pieza se dejara sin pulir o que se le diera cierta forma a otra, que tal vez recordara más a la tradición asiática. Una dinámica que él define como “tirar y soltar”. Pero considera que trabajar con las manos “es un tipo de instinto muy particular” que no tiene. “No voy a ser mejor de lo que soy”, dice. “Incluso en la técnica asiática más antigua, todo se hace con una máquina que ayuda a dar forma a las cosas, pero aquí es solo la mano: la forma de la mano hace la forma del objeto”, señala.

Kythzia Barrera compara la forma de trabajar de las familias con un baile rápido y espontáneo, también arriesgado, porque las piezas se manipulan a más de 1.000 grados. La forma en que los objetos de barro están salpicados con tinta de roble negro, le recuerda a “un abadejo jackson”. “Es un sucediendo increíble”, dice el coordinador de Cooperativa 1050º. Las piezas se muestran, sin embargo, por lo que son, herramientas para ser utilizadas. “No estás mirando pasivamente, que creo que es donde el arte se atascó”, dice Barrera, “estás usando todos tus sentidos”. De un cucharón de madera, vierta líquido viscoso. “El pulque te da mucha energía y tiene 8.000 años”, les dice a los que acaban de entrar. Las personas que eligieron los tazones más oscuros ya tienen las manos negras. Unos se van, otros se quedan, una mujer se emociona: “Ya sabes, sírveme otro”.

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